viernes

GRANADA

Granada tiene nombre de tormenta
de otoño, de hoja seca en la mirada
y en la triste memoria del viajero.

Es un tren remendado por silencios
y resacas de lunes por la tarde,
un gesto adolescente sin urgencia.

Granada es una calle de aire turbio,
sabe a membrillo dulce, a plata vieja,
es un llorar de flacas plataneras.

Duele el estómago pensar en ella;
cuando noviembre anuncia su discurso
se tornan amarillas las pisadas.

Granada es una voz de Alhambra, un gesto
en la garganta del que escucha el canto
nocturno con olor a Sacromonte.

Allí resuena un plúmbeo llanto oscuro
guarda el sonido triste y desgajado
de versos fusilados en los labios del alba.

Granada es eso, una lluvia lenta,
habitante del sístole metálico
que padezco al cerrar este poema.

La memoria del agua - 2008

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Extraordinario poema de una de mis ciudades preferidas. Felicidades por el oficio poeta, tremendos esos endecasílabos blancos.

Anónimo dijo...

Granada es eso: un cúmulo de fotogramas adheridos en la retina que claman nostalgia.
Las pisadas sobre las hojas secas de la plaza de las Flores, el corretear ligero de calle Elvira, la melancolía al recorrer una y otra vez enrededor del Hospital Real o el paso apresurado hasta llegar al mirador de San Cristóbal hacen desear volver a sus callejuelas.

Buenísima foto :)